Campaniles

domingo, 27 de octubre de 2013

LA NOCHE QUE CENÉ CON UN BOGAVANTE



VA DE…CRUSTÁCEOS (Divertimento dedicado a Juristas y Mediadores que han de enfrentarse a situaciones insólitas y andan pensando en mudar de acompañantes)


“Uno será un animal, pero no un tonto” –me pareció escuchar que me increpaba, entre aullido y aullido, el díscolo bogavante, cuyas contorsiones y convulsiones trataba yo de contener con todas mis desmañadas mañas y con mis desiguales fuerzas. “¿O te piensas que no he visto lo que has hecho con mi colega?”.
Cuando me recuperé del vahído que había desparramado mis  hechuras en el suelo de la cocina, el sedicente animal había desaparecido de la tabla donde, minutos antes, había partido por la mitad, a todo lo largo, al primero de los animalejos que me había mercado para mi romántica cena de aniversario.
Aprovechando mi ventajosa posición de derrumbamiento, y a pesar de que cavilaba en que aquel bicho, por muy animal que fuera, si era capaz de hablar, merecía mejor muerte, mi instinto de siempre me llevó a emprender a gatas un extraño safari, tanteando con los ojos debajo de cada mueble, detrás de cada recoveco, hasta que acorralé al dichoso artrópodo hecho un ovillo articulado, dentro de la canastilla de las patatas, entre cuyo color pajizo sobresalía el azulón metalizado del crustáceo.
Para sorpresa mía, el animalejo, cuando se sintió descubierto, levantó sus pinzas unidas hacia el cielo en lo que a mí me pareció un  amago de oración o un gesto de solicitud de clemencia.
-¡Salomona! ¡Que eres una salomona! –me vociferó ahora, haciéndome saber que los bogavantes, cuando se sienten perdidos,  atacan como pueden; aunque sea gritando.
De repente, viéndolo tan humano como para defenderse a gritos, no se me ocurrió otra cosa que sentirme magnánima en semejante y absurdo trance:
-Está bien. No creas que ganas, porque a mi Manolo le sirvo yo su cena favorita de aniversario, sí o sí. Pero te concedo algo: ¡Pide tu último deseo!
-¿Y tiene que ser precisamente el último? -Gimoteó acongojado, fijando sus ojillos a mis ojos que son mi punto flaco.
“Este “B”ogavante merece una mayúscula de respeto” –pensé mientras respondía, tratando de no dejarme impresionar por su mirada directa e inquisidora:
-¡Es tu última oportunidad, traidor! –Grité con todas mis fuerzas, blandiendo el cuchillo matancero, justamente en el momento en que mi Manolo entraba en la cocina y, ante mi amenazante catadura, su cara adquiría un tono grisáceo ceniza semejante al de mi interlocutor crustáceo. Luego, salió como alma que lleva el diablo, dejando el estrecho pasillo impregnado de disculpas y explicaciones que nadie le había pedido.
-¿Lo ves? Él mismo se ha descubierto. No hay como empuñar un cuchillo aunque no sepas para qué, ni necesitas ser un lince para saber que te la está pegando con tu vecina, la Pepa –se mofaba ahora con tono de desafío el indiscreto “B”ogavante, atrincherado bajo el frigorífico.
El portazo de la puerta de la casa me informó de la estratégica huida de mi Manolo el mismo día de nuestro aniversario pero, como no estaba dispuesta a dejar de celebrar tan señalada fecha en la más absoluta soledad, decidí invitar esa noche a mi mesa alguien; aunque fuera a mi verdadero problema: al “B”ogavante superviviente, quien, aún sin tenerlas todas consigo, salió de su trinchera previa promesa de parlamento e indulto.
*
Mi detención se produjo cuando mi “B”ogavante y yo estábamos en los postres, lisérgicos de vino. El muy canalla de mi Manolo me había denunciado por amenazas y malos tratos.
-¿Ves? –Se mofó el “B”ogavante cuando me sacaban de la casa con las esposas bien apretaditas a la espalda. -No hay como un buen ataque cuando uno se ha ventilado a la vecina y lo descubren aunque sea por casualidad.
“Lo malo –pensé yo como Abogada de mí misma- es que La Dama de los Ojos Vendados está necesitada de una revisión en el oculista, y de más tiempo para sentarnos a hacer su calceta y hablar de nuestras cosas.
¡Lástima! Desde el ventanuco del calabozo veo con impotencia cómo oscurece en las afueras del enjundioso “Palacio de Justicia”, mientras me pregunto cuál habrá sido el destino del "B"ogavante que salvó su vida gracias a saber hablar a tiempo, mientras yo siento que voy a perder la mía en esta maraña de la “JusticiaCiega”.

En CasaChina. En un 27 de Octubre de 2013

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