Campaniles

domingo, 24 de noviembre de 2013

MI DERECHO A SER FELIZ



68/2013
 





 

“…A mí no me llega esa gente;


Yo vivo en otro barrio”


Entrevista a Facundo Cabral

 

  CONTRA EL VICIO DE LA IRA…

…MI DERECHO A SER FELIZ


Con mi guitarra (atrás, a la derecha)




“Mi madre decía que un cantor es una buena noticia porque cada cantor es un soldado menos” –dice, entre otras cosas Facundo, en esta entrevista, que cada mañana me hace estremecer, y me da la oportunidad de distinguir entre lo que los otros desprecian como “buenismo” y yo llamo MI DERECHO A SER FELIZ.
En La Salina. Con mi guitarra
Porque, si algo he descubierto a estas alturas de mi vida es que MI DERECHO A SER FELIZ no conoce otro camino que el de DESERTAR DE SENTIRME ALUDIDA, aunque el escarnio lleve en su carcasa mi nombre escrito en letra gótica, rota en cada uno de sus afilados trazos, y enfatizado con letra negrilla y subrayada.
Claro que, cuando se tiene en el interior un polvorín de palabras como tenemos los Escritores, suele suceder lo que les pasa a quienes llevan en la guantera de su coche un revolver sin licencia de armas: al primer roce de chapa y pintura, lo asomas por la ventanilla y disparas, sin darnos tiempo a nosotros mismos a bajar siquiera el cristal, sin pensar que los daños propios no están cubiertos por ningún seguro.
Y es que, contra la IRA, el único seguro a todo riesgo que conozco es EL DERECHO A SER FELIZ, inalienable y humano como pocas cosas lo  son.
Junto a Río Guadiana, con mi guitarra
Las escasas veces que aún me ataca la IRA, pienso en que quizá debí ser Cantante con Guitarra en lugar de Escritora; porque una Escritora, mientras recita sus versos, corre el riesgo de abandonar el lápiz sobre la mesa, como hicieron tantos épicos Soldados/Poetas, y sustituirlo por esa bomba de mano que es la palabra. Pero cualquier Cantante con guitarra tiene la voz en huida, y los dedos demasiado enredados en las barricadas, bien abrigados entre acordes como para poder desocuparlos y empuñar explosivos. Cuando me ataca el enemigo, esa ira irracional que no respeta trincheras, vuelvo a escuchar a Facundo, y su voz se convierte en un paraguas antimisiles.
De él conocemos bastante bien sus canciones.
De él desconocemos, casi, esta entrevista que hoy quiero compartir con vosotros y que me ratifica cada día en esa “desgana” con que ahora me enfrento a lo que en otros tiempos me producía ira.
Os contaré una historia: Una persona buena, muy querida, ciertamente concienciada, y politizada, y entregada a observar el dolor ajeno y dolerse con los dolientes, y –perdonadme la licencia- a “cagarse en la madre que los parió”, hace poco me parafraseó con irritación diciéndome que la Política a la que me refería como “nuestra” Vicepresidenta era “mi” Vicepresidenta; no la suya. En otros tiempos, enfatizando en mi fuero interno ese dañino “por alusiones”, me hubiera revuelto iracunda con cualquier pertinente impertinencia con la que reanudar y mantener vivas las hostilidades. Pero, en este tiempo hermosísimo de la “CuasiVejez” que me ha tocado vivir, simplemente tomé mi viejo álbum de fotografías, me he mirado a mí misma con mi guitarra como única compañía recorriendo Europa aquel año de 1968, y, después de ceñirme en mi particular bandera blanca que es Facundo Cabral, le he propuesto un incondicional alto el fuego sellado en el abrazo.
Después, con Facundo Cabral, he tarareado para mis adentros eso de “No soy de aquí, ni soy de allá…”.
Ni de nadie ante quien y con quien no pueda rendirme incondicionalmente si así lo deseo.

En “CasaChina” en un 23 de Noviembre de 2013.


FRASES CON LAS QUE ME QUEDO:

 



¿Siempre elegiste a cualquiera para tener a quien echarle la culpa?











Francia. Alta Saboya 1968







 ¿Cómo hacer una revolución cuando la mayoría de la gente está en lo que odia?





 


La diferencia nace 
del que cree 
que somos diferentes



“Mi madre decía que 
un cantor es una buena noticia 
porque cada cantor es un soldado menos







2 comentarios:

  1. ¡Qué alegría de tiempos pasados! Como dice una amiga mía, el pasado, pisado. Pero el cerebro discrimina; los recuerdos dolorosos tardan más en borrarse, per se borran; los anodinos tardan menos, pero también se borran. Los felices se guardan... toda la vida. La fotografía de 1968, Alta Saboya, me recuerda tiempos en que yo también llevaba barba, como el joven que sonríe a tu lado. Voy a ver si la encuentro...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Ildefonso, por enriquecer mi escritito con tu aportación sobre los tiempos del olvido y del recuerdo.

      Eliminar