Campaniles

domingo, 1 de diciembre de 2013

CARTA DE UNA VIUDA A SU FANTASMA NOCTURNO (O de la cabal hechura de cualquier duelo)



77/2013

Querido mío:
          Dentro de pocos días hará un año que lo dejamos.
          Mejor dicho: que me dejaste.
          Así. Sin más explicaciones.
          Ahora sé que, cuando se cumpla ese primer año en despoblado, habré aprendido yo sola más de lo que aprendí contigo durante nuestros 33 años de matrimonio –que ya es decir.
         No te guardo rencor por irte con esa inevitable “otra”; con la irreversible. Porque nadie puede –ni debe- retener a quien necesita irse definitivamente. Pero tampoco está bien que alguien se empeñe en arrastrar a quien quiere quedarse cuando aún le resta tarea por hacer.

             Por eso, para que me entiendas, necesito contarte algo antes de que empieces a echarme de menos.
          Anoche, antes de irme  a la  cama, me bebí el último vaso de leche que me quedaba en el frigorífico, sin poder disfrutarlo siquiera porque, mientras lo apuraba, no dejaba de pensar en qué sería lo que iba a desayunar hoy.
           Esta mañana, refugiada en este piso pequeñajo que antes imaginamos nuestro, que ahora okupo como si fuera mío –y que pudiera ser que acabe siendo de cualquier Banco de los que están engordando como becerros con esto de la crisis-, esta mañana, ‑decía- me desperté soñando con vacas y con lluvia. Ya más despierta, me eché a recular en mis bucólicas querencias, pensando en la trabajera que debe ser lo de ordeñar vacas, y en lo triste que debe resultar lo de dormir a la intemperie, bajo la lluvia de las noches de invierno, cuando los nublos impiden ver las estrellas.
Al azar, (que nunca lo es) escribí en un buscador de Internet las palabras "leche y agua", cuando lo que quería realmente escribir era lo que escribo sin parar desde que te largaste: “AJO…derse y AGUA…ntarse”.  Lo  que pasa es que las cosas suceden como deben suceder; y escribí –lapsus linguae- LECHE y AGUA.
           ¡No te lo vas a creer! Inmediatamente apareció el enlace que, a falta de leche migada de pan que compartir contigo, te dejo aquí pegado, para que no te sientas tan vocativo y tan solo, estando tan rodeado de ti mismo:
            Si, desde donde quiera que estés, puedes ver películas, entenderás que haya tomado una decisión:
            ¿Ahogarme en leche? ¡No, gracias! –Como gritaría Cirano-.
          Así que entenderás que haya decidido dejar de repartir con tu sombra el último vaso de leche de antes de dormirme cuando tan necesitada estoy de mantenerme yo. Me dejaste demasiadas tareas sin rematar, y que requieren de todas mis energías para poder vadear lo que me queda de vida sin hundirme, ni poco, ni mucho, ni nada. ¡No; gracias!
           Si quieres, puedes quedarte con la vaca. Hace ya tiempo que no tengo corral, y mi espacio se me va quedando chico para animal tan ambicioso. Prefiero renunciar a esa flaca compañía antes que seguir compartiendo mi precioso y siempre escaso tiempo con añoranzas de un pasado ya inexistente. Detesto la idea de acabar ahogada en llanto. ¡No; gracias!
         ¿Sed? ¡Pues claro!; como todo ser humano que sigue comiéndose la vida. Pero, sorbo a sorbo, voy aprendiendo a calmarla bebiéndome mis propias lágrimas.
           No insistas: ni la vaca ni tú me vais a convencer de que me lance al agua.
          La vaca no deja de ser un espejismo, una figuración engordada con pienso adulterado, que eligió quedarse encerrada en su corral, en su propia isla, aunque eso le costara acabar con las patas por alto, antes que dignarse acudir al desespero de mi llamada cuando ya apenas daba leche: ¡Vacaaaaaaaa, vacaaaaaa!
         Y tú, después de lo que tú y yo sabemos de nuestro génesis particular, con sus tiempos de vacas gordas y sus tiempos vacas flacas, me pienso yo que ya no debieras estar para andar haciéndome guiños con tus inmensos ojos sombreados por esas bellísimas pestañas bobinas que “la  otra” te ha dibujado. ¿O es que hasta en el Cielo –en el que sin duda debes estar- sigues conservando tu negro sentido del humor?
          Pues eso: que olvidarte, no te voy a olvidar. Es imposible. Pero ir a buscarte y a rogarte, tampoco. Así que va siendo tiempo de darnos el adiós definitivo en este mundo y quedar como buenos amigos que pueden seguir contándose cosas sin guardarse viejos  rencores.
          Se nos acabaron los afanes comunes.
          Tú, a lo tuyo, que  es descansar. Que me place.
          Y yo, a lo mío, que es seguir viva. Que me plugo y espero que me plega nuevamente.
         ¿Luego?
         Dios dirá. Ya te iré contando.

En CasaChina. En un 1 de Diciembre de 2013


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