ANTE LA NUEVA LEY UVI (Ley de la Utilidad de Vigilancia Intensiva)
CAPÍTULO I. En un mundo nuevo
ANTE LA NUEVA LEY UVI (Ley de la Utilidad de Vigilancia Intensiva)
Entonces dijo Dios: hágase la luz. Y se encendió El Panóptico
PROYECTO ESFEROIDES
CAPÍTULO I. En un mundo nuevo
Cuando el vehículo blindado que los llevaba se detuvo delante del edificio de una sola planta que apareció ante ellos, nada hacía pensar que allí se gestaría una de las mayores tragedias que ha conocido la Historia.
El edificio, sin ventanas al exterior, ni señal
alguna que pudiera ser objeto de atención, era una simulación mimética del
color del paisaje, lo que lo convertía en una sombra apenas visible en aquella
inmensidad en la que no alcanzaba a verse nada distinto a un arenal sin fin,
agazapado en un calor insoportable y disuasorio, cuya distancia desde sus diferentes
puntos de origen no habrían podido recorrer en un vehículo ordinario, distinto
a aquél en que habían sido conducidos a su destino.
El alivio que sintieron al atravesar la primera
puerta y recuperar el resuello, no fue suficiente para que pudieran distinguir
apenas, sobre el dintel, una leyenda, aparentemente sin mayor trascendencia, la
que no dieron más importancia:
CENTRO OPTICÓN
El recorrido guiado duró poco en aquel singular
edificio que pronto pudieron comprobar que estaba construido de forma cilíndrica
y concéntrica. Un hombrecillo sin rostro les sirvió refrescos en un salón
común, del que se irradiaban cortos pasillos que conducían a austeras aunque
aparentemente cómodas habitaciones individuales, separadas entre sí por
tabiques traslúcidas, dispuestas a uno y otro lado de una biblioteca con
estanterías de metacrilato. Una cocina perfectamente equipada ocupaba el centro
del salón, separada de éste por una especie de mostrador ovoide, delante del
que había colocadas tantas banquetas como científicos llegaban en aquella
expedición. Y en el eje de la cocina una especie de espacioso tubo trasparente
dejaba ver al otro lado un laboratorio perfectamente equipado con la última
tecnología, a lo largo de cuyos muros de alineaban cubetas transparentes como
todo lo que había allí, conteniendo lo que parecían restos de tejidos vivos
ultracongelados.
En la biblioteca del Centro Opticón había sólo un
libro repetido tantas veces como científicos había: El Panóptico, de Jeremy
Bentham, el único que, según les dijeron, estaría permitido leer mientras
durara el Proyecto. No les extrañó. Durante un largo año, e individualmente,
les habían estado adiestrando para su objetivo que no era otro que el de
ponerlos finalmente a trabajar en equipo para diseñar y construir el Gran Ojo
Globular, cuyo tamaño no debía sobrepasar el de un ojo normal, y cuya capacidad
de visión prescindiera de ángulo de referencia. Un ojo que viera al mismo
tiempo arriba y abajo, a derecha e izquierda, sin dejar ni un solo ángulo
ciego. Una esfera en la que cada punto de superficie fuera un punto de visión
que, a su vez, y aunque estuviera detrás de elementos opacos como pudieran ser
unos párpados, consiguieran atravesar cualquier objeto sólido con sus vectores
ópticos de forma que no se limitara al enfoque orbital de los ojos al uso o de
los actuales satélites vigías, sino que su capacidad de visionar fuera
ilimitada en el tiempo y en el espacio.
Sus patrocinadores, Los Politicones,
más conocidos por Los “P” en sus distintas acepciones, eran unos hombrecillos
siempre irritados, activos e inestables, y fueron quienes, asustados ante el
creciente desmadre de Los “M”, -Las Masas-, habían seleccionado a Los “S”, los más
¿sabios? entre los sabios, siguiendo algún protocolo secreto.
Aunque durante los meses que había durado la primera
fase de su captación les hablaron a todos ellos de la existencia de los demás,
no se conocieron entre sí hasta que fueron subiendo al autobús que los habría
de conducir al Centro
Opticón.
En total, Los “S” eran siete: un Juez sordo que perdió el oído sin escuchar,
un Clérigo arrepentido ya desde su estancia en el Seminario, a pesar de
lo cual permaneció fiel a Dios; un Genetista, acreditado por sus
profundos conocimientos de la vida y obra de Josef Menguele; un Físico
nuclear que en sus tiempos había llegado a alcanzar el grado de Comisario
de Policía, cuya tesis doctoral versaba sobre la película “Crimen y Castigo”; un
Oftalmólogo, experto en implantación de chips; un Psicólogo experto
en Programación Neurolingüística, y un Cirujano, especializado en
microcirugía; además del equipo de Los Afiliados, constituido por una
Mujer Fatal rescatada de uno de los burdeles más selectos de la Carretera
de Extremadura, un Cocinero chino por más señas, un Conductor de
aspiradoras, del que se esperaba que recogiera cualquier apunte, papelillo
o nota privada que se cruzara en su camino; un Contable, capaz de sanear
las arcas más escuálidas; y un Porteador, anabolizado en uno de los
gimnasios más furtivos del Puente de Vallecas y un Hombrecito sin Rostro. Entrenados
todos ellos para la atención de las necesidades de los futuros ocupantes del
Centro.
A Los Afiliados se les conocía por un apodo puesto no
se sabe muy bien por quiénes o porqué, como Los “U”, aunque
todos Los “S” sospechaban, no sin ciertos razonables indicios, de que con
aquella “U” se hacía mención a utilerías de cualquier especie o condición.
Una vez dentro del recinto, y después de que la
puerta de salida quedara perfectamente cerrada a sus espaldas, a cada uno de Los
“S” se les entregó una carpeta de distintos colores con las instrucciones
generales, y otra de color verde pistacho con la leyenda TOP SECRET, conteniendo instrucciones individuales, y unos folios
grapados en los que, a manera de descuidado aviso sobreentendido, constaba
alguna información personalísima y dolorosa que habría disuadido a cualquiera
de ellos a rechazar el entrar a formar parte del equipo diseñado por Los
Politicones.
Eso sí: Los “P” habían provisto su laboratorio de
los mejores instrumentos y de las materias primas que ellos había solicitado
sin poner más inconveniente que aquellas eternas prisas por que los Esferoides
estuvieran terminados antes de cuatro años sin falta.
El objetivo era poder producir e implantar tantos
esferoides como Politicones Parlamentarios hubiera para que los Representantes
del Pueblo pudieran velar por él, y ver en todas direcciones las actividades de
aquellos que, confiando en ellos, los habían elevado a su condición de Padres
de la Patria, y ahora, como unos hijos de mala madre, se revolvían contra
quienes los cuidaban como a su propio rebaño.
Verdaderamente era un Proyecto que haría realidad el
sueño que Michel Foucault plasmara en su famoso libro VIGILAR Y
CASTIGAR. No se trataba ya de tener vigilados a los ejércitos, a los enseñantes
o a los obreros.
Los tiempos habían cambiado.
Estábamos en el siglo XXI.
Había que vigilar a todos.
¡A todos y en cualquier momento!
Era una cuestión de supervivencia de la especie.
De su especie.
En CasaChina. En un 12 de Diciembre de 2013.
Fin del Capítulo I de PROYECTO ESFEROIDES.
En un Miedo Nuevo.
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