38/2014
(CREER en nuestras DECISIONES es
CREAR LOGROS)
Si nos preguntaran por qué hacemos
algunas cosas de las que hacemos, no sabríamos responder. Simplemente, lo
hacemos porque somos reactivos y respondemos antes las distintas situaciones en
que nos coloca la vida de forma mucho más automática de lo que somos capaces de
explicar.
El problema germina dolorosamente en
nuestro interior cuando somos nosotros mismos los que nos formulamos esa
pregunta: ¿Por qué he hecho tal cosa? ¿Por qué he dicho lo que he dicho? ¿Por
qué ha surgido este conflicto?
Cuando no tenemos una respuesta a
estas preguntas, la desazón empieza a instalarse en nuestras vidas
convirtiéndolas en algo difícil de manejar, y que suele desembocar en problemas personales y conflicto relacionales que nos hacen
infelices.
La base de todo conflicto relacional
se encuentra, casi siempre, en la falta de solución de los problemas
personales.
Por eso, si somos capaces de abordar
los problemas personales, tenemos
mucho espacio ganado ante los conflictos
relacionales, porque habremos aprendido a relacionarnos con nosotros mismos
y con los demás en forma emocionalmente saludable.
Una de las bases de la Mediación es
conocer los emplazamientos emocionales de las personas inmersas en un conflicto
en el que vamos a intervenir, y que son:
Posiciones
Intereses
Necesidades
LAS POSICIONES se corresponden con lo renunciable. Es decir, con aquello que, superada una fase de inicial obstinación, es
susceptible de ser reconocido como transigible, porque puede prescindirse de
ello sin un coste emocional insoportable. (Por ejemplo, hay que ver lo que nos
cuesta devolverle al contrario el secuestrado rosario de su madre cuando
estamos enfurecidos, aunque ese rosario no nos sirva para nada, porque nosotros
nunca recemos el rosario. Esa resistencia es estar posicionado).
No debiéramos olvidar que todo
posicionamiento nace de pensamientos obsesivamente tóxicos, atrapados en
espacios a los que no permitimos llegar el oxígeno del sosiego y de la flexibilidad
emocional.
LOS INTERESES se encuentran en el campo de lo negociable, entendiendo como negociable lo que incluye un sentido de equidad que no
necesariamente ha de coincidir con lo igualitario. (El coche blanco para ti, el
negro para mí).
En ese espacio de negociación, en la
que no hay que tener prisa pero tampoco dejarse fermentar como una manzana abandonada
después de ser mordida, la inteligencia irá equilibrando la emotividad hasta
rescatarnos como seres pensantes, capaces de distinguir entre el dolor y el
sufrimiento. El dolor es consustancial a cualquier fracaso y ayuda a la
adquisición de experiencia de protección; el sufrimiento es el sostén de lo
obsesivo y conduce a los miedos o a las iras irracionales.
LAS NECESIDADES se identifican con aquello que resulta irrenunciable. (Por ejemplo, nadie puede “negociar” y comprometerse a no respirar, ni
nadie puede obligarse a dar lo que no tiene, o ceder lo imprescindible para la
subsistencia).
Los Mediadores JAMÁS trabajamos en fase de POSICIONES, porque en ella, las personas están tan “posicionadas” (valga la
redundancia) que son emocionalmente inhábiles para adquirir compromisos maduros
porque son incapaces de escuchar o de expresarse coherentemente, y lo único que
necesitan y pueden hacer en esa fase es esgrimir la repetida y larguísima LISTA
DE AGRAVIOS RECIBIDOS hasta que el globo de las emociones se desinfla del todo.
Lo bueno es que los Mediadores hemos
adquirido técnicas de reconducción de situaciones (que nunca de decisiones de
las personas) hacia la salida de posiciones perturbadoras, y alcanzar al descubrimiento
de cuáles sean los verdaderos INTERESES y las NECESIDADES de los que se
encuentran inmersos en la confusión laberíntica del antagonismo, permitiendo que
se desinfle el globo de las iras para que no acabe estallando en mitad de la conexión
vital.
Para llegar a ser buenos Mediadores,
hemos de atravesar un continuo control de nuestras propias POSICIONES DIARIAS,
control que acaba por transformar nuestras propias vidas sin apenas
apercibirnos de ello. Es lo que yo llamo el “oportunismo coyuntural”, que se
corresponde con un estado de sempiterno alerta, en el que fagocitamos cualquier
acontecimiento que nos refuerce en lo nuestro, que no es otra cosa que el mundo
de la Ciencia de la Paz: la PazCiencia.
Prevenida como estoy a las enseñanzas
de mi entorno, quiero detenerme en una experiencia reciente y reconfortante.
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En el último acto al que me he
referido propuso algo que quiero compartir, porque, coyunturalmente, me hizo reconocer
y comprender la SÍNTESIS de lo que es la vida de un Mediador, o, como el conferenciante
dijo, de cualquier persona que quiera sentirse bien consigo mismo porque siente
que alcanza sus objetivos. Estos tres puntos fueron su sencilla propuesta:
• Hay que reconocer lo que se quiere conseguir en la vida
• Hay que descubrir el precio que debe pagarse por aquello que pretendemos
alcanzar.
• Hay que decidir si estamos dispuestos a pagar ese precio.
Durante dos días, pasados en una
especie de inmersión en “función rumiante”, he CONCRETADO en mí esa invitación,
tratando de encontrar mi propia respuesta a su propuesta.
1. ¿QUÉ ES LO QUE QUIERO CONSEGUIR?
La respuesta ha sido: Como quiera que
lo esencial de la vida son las relaciones, quiero aprender a relacionarme con
los demás en forma saludable para ellos y para mí, lo que sólo puedo lograr
desterrando entrar en polémicas inútiles.
2. ¿QUÉ PRECIO TENGO QUE PAGAR?
Y me he contestado: el precio es mantenerme
permanentemente alerta, minuto a minuto, no para espiar y juzgar las acciones y
conductas ajenas, sino para evitar yo ser torpemente reactiva frente a esas
conductas, incluso frente a las provocaciones manifiestas más directas.
La base de este enfoque sobre
conductas está en no caer jamás en la descalificación personal, porque todos
tienes sus propias razones/sinrazones para actuar como lo hacen y su derecho a
decir lo que dicen desde su razón o desde su personalísima frustración. Ese
respeto absoluto hacia las personas como tales no impide que pueda repudiar determinadas
actitudes como objetivamente inasumibles desde mis propias creencias, siempre
sujetas a revisión por otra parte.
3. ¿ESTOY DISPUESTA A PAGAR ESE
PRECIO?
Definitivamente, sí. Aunque para
ello, como dice Bernardo Stamateas en su Libro GENTE TÓXICA, la clave esté en no
idealizar lo inalcanzable, ni esperar nada de nadie que, en el ejercicio de la
administración de lo suyo, no esté dispuesto a darme a mí.
Y llegados a este punto, ¿No os
entran ganas de preguntaros qué es lo que cada un@ de vosotr@s queréis
conseguir?
En “CasaChina”. En
un 5 de Julio de 2014
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